Cambiando Zapatos XIV

- Parece que respirara el aire de este tiempo y devolviera el vapor de otros tiempos. Amablemente caliente, rozagante, suave y duro a la vez, sera mío. - Me dice Iyoconda y me deja al borde de la locura. Ella me agarra del cuello, apoya su pie en mi muslo, gira con habilidad como si montara un árbol y me abraza con fuerza; siento su aliento junto a mi rostro.

Sin perder mi tiempo muevo mi cadera y ya somos uno. Respiramos desordenadamente primero, desordenados y acompasados después y acompasadamente por último.

Como pude,  me arrodillé con ella en mis brazos y aún siendo una misma persona los dos. Respiraba a través de su boca y ella a través de la mía; por un momento confundí los latidos de su corazón con los míos.

La sostuve por las caderas y la coloqué sobre sus espaldas. Sentí su entrega y su feminidad bajo mi cuerpo, entregada, más no inerte, se movía como los vientos en las laderas; como el riachuelo que baja por la ventana, como una bandada de cuervos. 

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